Séptima
Planta
“¡Abre los ojos! ¡Abre los ojos!
Venga tío no me falles, dejaremos ésta mierda , seremos como los
demás, Gabri, ¿te imaginas?, ¡gente normal! y te pondrás bien, y
olvidaremos todo,será como si nada hubiese ocurrido, lo prometo, por
favor abre los ojos, por lo que más quieras no me falles, no me
falles...
¡Gabriel!”
-En la habitación número…. En la
habitación de aquella séptima planta retumbaba un silencio aún más
ensordecedor que los angustiosos gritos de aquél chaval, una calma
relativa sonaba como una orquesta de fondo, que toca ansiosa por la
llegada de esa amiga inevitable que algunos toman por enemiga al pasar demasiado tiempo junto a ella antes de marcharse
Entre la penosa luz de la habitación y
el palpable desorden del habitáculo apenas si quedaba lugar alguno
para morir. La dignidad en el casi inexistente espacio restante cedía
su lugar al oxígeno en lo que parecía una reverencia de ésta hacia
el mismo reconociendo su inferioridad ante el elemento. Si de
verdad existe el alma y todo cuanto dicen de ella, el espíritu de
aquella pobre criatura solo podía haber escapado en dirección
descendente, buscando en el infierno la luz que en aquel estremecedor
lugar no se encontraba en el aire y donde se perdía toda referencia
de donde estaba el cielo haciendo preguntarse si siquiera existía o
era otra de sus... que conviene creer.
“No puede ser… no puede ser…. No
puede estar pasando…NO, NO.. ¡NO!,
No puede ser real… vamos Gabri ,
tienes que abrir los ojos.” De repente nuestros cuerpos se quedaron
petrificados, la boca del chico comenzó a moverse levemente en lo
que parecía un esfuerzo por hablar
(Los ojos continuaban cerrados)
La intención parecía reunir la
necesidad que representa para un recién nacido comenzar a respirar y
la dificultad que supone para un moribundo continuar haciéndolo.
De aquél esfuerzo descomunal brotaron
tímidamente unas palabras de sus labios.
La facilidad con la que quedamos
petrificados se vio reflejada en el proceso de recobrar el sentido.
“¡Vamos Gabri abre los ojos! ¡venga
Gabri eso es! ¡ábrelos!, abre los ojos.
Tímidamente y
con las pestañas aún sin abrir susurró unas palabras que aún a
día, no se por que razón ,no consigo olvidar: “Tranquilo, no te
preocupes, ya los he abierto..” ”